Carisma

El carisma es “don gratuito”. A este término, se  le  relaciona también con la palabra “gracia”. En el N.T. puede designar “todos los dones de Dios” (Rom 11,29),  y particularmente “don de gracia” que nos viene por Cristo (Rom 5, 15). En efecto, en Cristo, Dios nos ha colmado de gracia. (Ef 1,6-23) y el primero de estos dones es el Espíritu Santo (Rom 5,5).  (En  Diccionario de Teología Bíblica,  Dufour X. León, pág. 125).

a) Seguimiento de Jesucristo, evangelizador y servidor de los pobres: San Vicente concibe el seguimiento como una continuación de la obra emprendida en la tierra por Jesús para evangelizar a los pobres. Desde el carisma vicentino seguimos a Jesucristo misionero y evangelizador de los pobres, que se compadece de las multitudes, que va de aldea en aldea y de pueblo en pueblo.

b) El carisma vicentino es un carisma misionero: “Quien dice ser un misionero dice ser un hombre llamado por Dios para salvar a las almas; porque nuestro fin es trabajar por su salvación a imitación de nuestro Señor Jesucristo que es el único y verdadero Redentor”. Sí, nuestro Señor nos pide que evangelicemos a los pobres; es lo que él hizo y lo que quiere seguir haciendo por nosotros… nuestra vocación es una continuación de la suya o, al menos, puede relacionarse con ella en sus circunstancias” (XI 386-387). Este estilo de seguir a Jesús exige, por parte de quienes le seguimos, disponibilidad, desprendimiento y apertura para ir a donde Dios nos llame. Nuestra vocación supone movilidad y sentido de Dios para desplazarse y responder creativamente ahí donde las necesidades de los pobres sean más urgentes. Es un estar siempre en camino.

c) Binomio “Cristo-pobres, pobres-Cristo”: Este aspecto es un descubrimiento excepcional para nosotros. Descubre a Jesucristo en los pobres y a los pobres en Jesucristo. Vicente ha fijado la atención en el pasaje del juicio final del evangelio: “Vengan benditos de mi Padre, tuve hambre y me dieron de comer, estuve desnudo y me vistieron, enfermo y me visitaron, encarcelado y fueron a verme…” (Mt 25, 31ss). Por eso él dirá con pleno convencimiento: “Al servir a los pobres se sirve a Jesucristo” (IX, 240). ¡Qué hermoso es ver a los pobres, considerándolos en Dios y en el aprecio en que los tuvo Jesucristo” (XI, 553).

d) El servicio al pobre se hace en contacto personal con ellos:.Para san Vicente el contacto y cercanía con el pobre fue definitivo en su conversión a Jesucristo y en su progreso espiritual. Pues esta misma figura hoy sigue siendo vigente y actual. Este contacto es irremplazable, pues en el encuentro con el pobre nos encontramos sacramentalmente con el mismo Jesús. De allí que nuestro carisma vicentino no sea otro que seguir a Jesucristo  poniéndonos  en medio de los pobres para servirles y hacerles que les atiendan, puesto que ellos son “nuestros amos y señores”:

“Si hay alguno entre nosotros que piense que está en la Misión para evangelizar a los pobres y no para cuidarlos, para remediar sus necesidades espirituales, y no para las temporales, les diré que tenemos que asistirles y hacer que les asistan de todas las maneras, nosotros y los demás” (SVDP  XI 393).

El contacto con los pobres nos proporciona nuevas maneras de entender la propia vida, por ello, se busca asimilar lo más posible el estilo de vida de los pobres para vivir la caridad. “Los misioneros deberán sentirse felices de hacerse pobres por haber ejercido la caridad con los demás…”(XI, 762).

e) Atención material y espiritual a los pobres: Pan, catecismo y dignidad. No podemos cuidar el alma si antes no hemos llenado sus estómagos.

El carisma vicentino encierra la compasión y la solidaridad. Estas virtudes son exigidas por Vicente a todos los que quieran vivir en la acción social, es decir, en la caridad efectiva. Y es desde ellas que nos ubicamos a lo largo del mundo entre los campo y las ciudades al lado  de los necesitados (Mateo 25,40), los cesantes, drogadictos, niños abandonados, jóvenes sin horizontes, migrantes, adultos mayores, enfermos de SIDA, etc. Nuestro carisma nos compromete  a fomentar creativamente redes de promoción humana, las ONGS, las asociaciones, microempresas, asociaciones gremiales, de caridad (en sus tres dimensiones: asistencial, promocional y espiritual).

f) El amor de Dios se manifiesta en obras. La acción es la expresión de que nuestro amor a Dios no nos puede dejar con los brazos cruzados, por ello, desde el carisma vicentino el amor de Dios se expresa en obras: “Amemos a Dios, hermanos míos, amemos a Dios, pero que sea a costa de nuestros brazos y con el sudor de nuestra frente” (XI, 725).

g) El Vicentino se deja evangelizar por los pobres. No sólo va a evangelizar y a servir a los pobres, sino que se acerca a ellos para escuchar la voz de Dios, para aprender de ellos sus verdaderas necesidades. Ellos nos ayudan a mirar con el corazón y a confirmar que lo esencial es invisible a los ojos: “es entre ellos, es entre esa pobre gente donde se conserva la verdadera religión, la fe viva, creen sencillamente… paciencia en las miserias que hay que sufrir mientras Dios quiera” (XI, 120). En sentido afirmamos que los: “Los pobres nos evangelizan”.

h) Un solo carisma en diversas vocaciones y estilos de vida: El carisma vicentino no es exclusivo de la Congregación de la Misión, ni de la Hijas de la Caridad. Sabemos que es compartido por muchos en la Iglesia, personas consagradas y seglares. Ninguna de las ramas de la Familia Vicentina agota el carisma, más bien acentuamos diversos aspectos del mismo y por ello, nos complementamos. Cada una vive una gran parte de él pero ninguna lo agota o lo posee todo en exclusiva. No hay competencia, sino colaboración, no hay rivalidad sino apoyo mutuo y crecimiento de todos.

Somos diversos y distintos, pero con una misma vocación: servir y evangelizar a los pobres.